Abstract
Olvidé cómo volar
Animación proyectada en instalación escultórica
Técnica: animación cuadro a cuadro dibujada a mano
Duración: 2.37 (LOOP) | Año: 2019
Olvidé cómo volar es una obra que nace de una experiencia personal: la pérdida y posterior reconstrucción de mi memoria tras un accidente en la infancia. A través de 776 dibujos hechos a mano, animé la historia de un ave cabeza de chorlito que ha olvidado quién es. Para recordarlo, debe mirar su reflejo en un estanque; en lugar de su imagen, lo que aparece es mi rostro. El ave soy yo, intentando volver a mí mismo.
La instalación invita al espectador a mirar hacia abajo, como si estuviera frente a un cuerpo de agua. La proyección simula ese estanque y replica el gesto de introspección, en un diálogo silencioso con el mito de Narciso. La obra es tanto una pregunta sobre la identidad como un ejercicio de repetición: dibujo a dibujo, gesto a gesto, intenté recordar cómo volver a ser.
Esta fue mi primera pieza expuesta en un museo de élite: el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). Allí, Olvidé cómo volar se convirtió no solo en una obra inaugural para mi trayectoria, sino en una carta visual de regreso a mí mismo. Un intento por transformar el olvido en vuelo, y el arte en memoria persistente.
«Yo no pinto» es una videoinstalación que parte de una afirmación personal y simbólica: la decisión de no pintar, en contraste con la figura del padre, quien dedicó gran parte de su vida a la pintura. Lejos de ser una negación, esta obra es una carta de amor, una búsqueda de encuentro entre dos lenguajes que parecían distantes, pero que aquí se entrelazan.
El proyecto nace a partir de un proyector de luz opaca que acompañó a mi padre durante años —herramienta con la que realizó decenas de pinturas— y que fue desplazado con la llegada de nuevas tecnologías. Recuperé ese proyector, lo abrí, lo intervine y lo modifiqué para reproducir video. Así, un aparato que antes proyectaba imágenes estáticas ahora emite imágenes en movimiento con sonido, dando paso a una nueva forma de narrar.
«Yo no pinto» es un gesto de reconciliación de saberes: él continúa siendo bueno en lo suyo —pintar— y yo, en lo mío —la instalación—. La obra se convierte así en una pieza compartida, donde la herencia no se replica, sino que se transforma. Un homenaje silencioso que hace convivir lo analógico y lo contemporáneo, lo afectivo y lo técnico, el padre y el hijo.
Abstract
Recuerdos color lila
Instalación escultórica-sonora
Materiales: chaquiras, estructura metálica, sonido
Dimensiones variables | Año: 2025
Recuerdos color lila es una pieza que nace desde la memoria íntima y la presencia de lo femenino en mi infancia. Está compuesta por una escenografía hecha con chaquiras en tonos lila, dispuestas como un retrato, un gesto de amor hacia mi madre y mi hermana. Desde niño las observé habitar el color: llevar las chaquiras en el cabello, en la ropa, en pequeños detalles que no solo adornaban, sino que tejían identidad, delicadeza y fortaleza.
Aveces el sonido de las chaquiras al moverse anunciaba su llegada: un tintineo familiar, cálido, que llenaba el espacio como un abrazo sonoro. Ese eco se convirtió en memoria, en símbolo de cuidado, de afecto, de presencia. El lila, más que un color, es en esta obra una atmósfera que contiene a esas mujeres que me formaron: firmes y suaves, silenciosas y esenciales. Recuerdos color lila es una instalación que transforma el recuerdo en materia y el afecto en forma. La pieza parte de una fotografía antigua de mi infancia:
en ella estamos los tres.
Mi madre se ve hermosa y joven, mi hermana aparece risueña y feliz, y yo
—sin saberlo— estoy siendo retratado en una de las imágenes más hermosas de toda mi vida. Ese instante detenido, atravesado por ternura y luz, se convierte aquí en un tejido suspendido donde lo visual y lo sonoro evocan lo íntimo. Una reflexión sobre la fuerza de lo femenino en mi niñez, sobre la belleza cotidiana que acompaña y cuida, y sobre cómo lo frágil también puede ser monumental cuando se mira con amor.